¿Sin vergüenza?
¿Alguna vez te has planteado quién serías si nadie estuviese mirando? El miedo a cómo nos perciban los demás condiciona nuestra forma de vestir, de hablar, de decorar, coarta nuestra creatividad y nos corta un poco (y a veces no tan poco) las alas.
En un mundo sin vergüenza, comprenderíamos en lugar de juzgar, haríamos preguntas en vez de asumir y pintaríamos todo de colores.








